domingo, 15 de marzo de 2015

Domingo Martínez de Irala


El auténtico descubridor y colonizador del Paraguay y dos veces gobernador del Río de la Plata


Natural de Vergara, Guipúzcoa, donde nació en 1509. Debido a su origen fue llamado "el capitán Vergara".

Partió en las expediciones de Pedro de Mendoza al Rio de la Plata, en 1536, participando en la fundación de Buenos Aires. Fue capitán de nave en la expedición de Juan de Ayolas para remontar el rio Paraná, cuya misión era descubrir la Sierra de La Plata, hasta el lugar en el que Ayolas decidió fundar la ciudad de La Candelaria, en 1537. Irala fue nombrado gobernador de La Candelaria.

Irala no pudo resistir tanta pasividad y llevó a cabo una serie de pequeñas incursiones por el río hasta que, en 1538, se dirigió a Asunción, ciudad recién fundada por Juan Salazar.

Ante la muerte de su amigo y compañero Ayolas por los indios payaguaes al regresar a La Candelaria, Irala emprendió una expedición de castigo contra los indios agaces, al mismo tiempo que Gonzalo de Mendoza hacía lo propio contra los indios carios.




En 1539, Irala comenzó una expedición para buscar a Ayolas, internándose por El Chaco. Tras conocer su muerte, Irala decidió abandonar Buenos Aires y concentrar a todos sus hombres leales en Asunción, zona mucho más fértil y apropiada, además construyó el puerto.

Tras una serie de ataques sin cuartel a los indígenas más díscolos, Irala pacificó toda la región y la sometió a un rígido gobierno en base a una política colonizadora.

En 1543, Irala partió de Puerto de los Reyes, ciudad que antes había fundado él mismo, rumbo al Perú. En la expedición, que alcanzó las cincuenta leguas río arriba, Irala venció a los indios guaicurnes que encontró en su camino. Determinó desprenderse de las normas y objetivos diseñados por el gobernador Cabeza de Vaca y llevar a cabo la expedición según sus propios dictados, sin que nadie frenase su crueldad para con los nativos ni las costumbres licenciosas y brutales de sus hombres, a los que prácticamente permitió que cometiese cuantos abusos les apetecieran.

En marzo de 1544, Irala fue obligado a regresar a Asunción, organizó un motín contra el gobernado Cabeza de Vaca y alcanzó el poder. La autoridad de Irala sobre la zona sería omnímoda e indiscutible, tras lo cual se proclamó teniente gobernador del Paraguay. Junto con Nufrio de Chaves, Juan Gabriel de Lezcano, Felipe de Cáceres y Francisco de Mendoza, sus cuatro colaboradores más fieles, Irala se dedicó a gobernar despóticamente toda la región, cometiendo abuso tras abuso y tropelías con los indígenas, a los que prácticamente redujo a la condición de esclavos.

En 1547, Irala prosiguió en su empeño de llegar a la fabulosa Sierra de La Plata, partiendo del puerto de San Fernando en dirección al interior de El Chaco, donde se aplicó una marcha forzada y se abrió paso a sangre y fuego contra los indios mayas. Cuando por fin se dieron cuenta de que habían llegado sin darse cuenta al Perú, la expedición regresó a Asunción desencantada, en un trayecto de vuelta todavía mucho más brutal y salvaje que la ida.

Tras una serie de destituciones y alzamientos de poder entre los partidarios de Cabeza de Vaca y su compañero Francisco de Mendoza, Irala se dedicó a desarrollar con entera libertad y tranquilidad su política conquistadora, mucho más pausada y suavizada que la anterior. Irala llevó a cabo fundaciones de nuevos poblamientos y labores de infraestructura necesarias en la región. En 1552, Carlos V aceptó la autoridad de Irala confirmándole como gobernador general del Río de la Plata, al mismo tiempo que prohibía taxativamente a Irala la práctica de nuevas conquistas o expediciones militares.




Dueño y señor de todo el Paraguay, Irala hizo caso omiso de las advertencias reales y encabezó, en 1553, una nueva expedición hacia la tierra mítica de El Dorado, donde fracasó de nuevo. Atravesó el Gran Chaco llegando hasta Charcas (actual Bolivia), pero es ahí donde recibía la desagradable sorpresa de que Pizarro y Lagasca se le habían adelantado desde el Perú.

Gracias a esta osadía, fundó un gran número de ciudades en Xarages, al norte de El Chaco, y en la región de Guairá, al este, donde ya había fundado, en 1554, la ciudad de Ontiveros.

Domingo Martínez de Irala puso en marcha un programa colonizador consistente en fundar ciudades nuevas a las que fue repoblando con elementos españoles y mestizos, fruto de las continuas mezclas sexuales que eran permitidas y fomentadas por el propio Irala entre los colonizadores y los indígenas.

Explotó la ganadería en aquellos inmensos territorios, fertilizados por grandes ríos. Fundó escuelas e iglesias, consiguió traer un obispo a Asunción y proyectaron la construcción de una catedral. Sus leyes fueron pacíficas y humanas y los indios guaraníes le respetaron.

Murió en 1556, en Asunción, víctima de unas fiebres repentinas.