viernes, 27 de febrero de 2015

La organización del poder militar

 
Durante el Bajo Medievo y la Modernidad, en las Provincias vascongadas el poder militar reside en el señor de Vizcaya, que posteriormente fue el rey de Castilla, y de España, pero sólo en caso de guerra, por lo que recibirá parte de los impuestos. En algunos casos de guerra, los junteros y Parientes mayores o alta Aristocracia tomaron parte en la toma de decisiones. Cuando el rey de Castilla consiguió la titularidad del señorío de Vizcaya, la máxima autoridad de las Provincias vascas era un responsable elegido por las Diputaciones con el grado de Coronel.

Los Fueros provinciales establecían la obligatoriedad de realizar el servicio militar a los vecinos en edad de combatir y organizados por su municipio, pero sólo en el interior de su provincia y con fines defensivos. Las milicias municipales quedaban a las órdenes de los alcaldes que realizaban la instrucción militar los domingos por la tarde con todos los hombres entre 18 y 60 años.

Las tropas reales sólo podían transitar por los caminos fijados por el Diputado General. Los gastos eran asumidos a medias entre la Corona y la Diputación.

En cambio, las condiciones de los vascos en su aportación a las Reales Armadas eran diferentes. La Corona fijaba el número determinado de levas a reunir. Los gastos derivados de la organización de escuadras navales eran asumidos por la Diputación y a partir de ahí pagaba la Corona. Como nunca se reunían voluntarios suficientes se echaba a suertes; este método causaba tantos incidentes que las Diputaciones crearon una sección especial para la resolución de los conflictos.
 

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