miércoles, 11 de febrero de 2015

Esteban de Garibay, cronista del Siglo de Oro español

Historiador y cronista real de Castilla del siglo XVI, autor del famoso Compendio Historial

 
ESTEBAN GARIBAY
 

Natural de Mondragón, Guipúzcoa, donde nació en 1533. Durante su juventud fue soldado, participando en varios enfrentamientos contra los franceses y alcanzando el grado de alférez. Más tarde, estudió en la Universidad de Oñate, Vitoria, Alcalá y Salamanca. También participó en la vida política local y guipuzcoana como alcalde de Mondragón. Posteriormente, viajó hasta Sevilla, pero fijó su residencia en Toledo y, finalmente, en Madrid. En 1575, se entrevistó con Felipe II y fue nombrado bibliotecario de cámara.

Incluido en el entorno de los Idiáquez, guipuzcoanos bien relacionados en los Consejos, intentó recuperar la condición de "Reino" para la Provincia de Guipúzcoa, lo que no consiguió al faltar el apoyo de las Juntas Generales. Fue nombrado cronista real de la Corte en 1592.

Escribió varias y voluminosas obras sobre historia, heráldica y genealogía. Su principal aportación a la ciencia histórica fue Los Quarenta Libros del Compendio Historial de las Crónicas y Universal Historia de todos los Reinos de España, escrita en los años 1556-1566. Esta obra sería conocida más brevemente como Compendio Historial, que serían publicados en los años 1570-1572, por Plantino, en Amberes, ya que esta ciudad era un importante centro editorial del Imperio español.

Cuando regresó de Flandes y atravesó Francia, tras haber efectuado la impresión de su compendio, escribió sobre Francia:
“Llegamos ya de noche a la ribera del Bidasoa, que divide a Francia y España, y pasándole en la barca ordinaria, desde que me vi en suelo de España alabé a Dios, y volví los ojos a Francia diciendo que nunca Su Divina Majestad permitiese que yo tornase a atravesar tierra de tantas herejías y maldades sin justicia, y cabalgando luego en los mismos caballos pasamos a Irún, primer pueblo de España en este camino, y allí pudimos descansar esta noche con quietud de espíritu.”

Esta obra le dio un gran prestigio a costa de empeñarse e incluso sufrir embargo y cárcel entre 1577 y 1578.

Como cronista real de la Corte publicó Letreros e insignias reales de todos los serenísimos Reyes de Oviedo, León y Castilla, en 1593, y Origen, discursos e ilustraciones de las dignidades seglares de estos reynos que publicó parcialmente.

En 1594 cesó toda actividad como consecuencia de un ataque de apoplejía, aunque continuó intentando publicar las Ilustraciones Genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas, que es sólo una parte de sus investigaciones genealógicas (Grandezas de España, en la Real Academia de la Historia).

La mayoría de sus trabajos los realizó en castellano, pero en muchas ocasiones utilizó el euskera en sus obras, siendo muy conocidos por ejemplo los refranes que recogió. Además realizó una gran recopilación de refranes y de canciones y cantos fúnebres (eresiak) acerca de las guerras de banderizos como Milia Lasturkoren eresia.

 
COMPENDIO HISTORIAL

 
Garibay se mostró toda su vida muy orgulloso de su estirpe vascongada, pues consideraba, como muchos otros paisanos suyos de tiempos anteriores y posteriores, que lo vasco era la forma más perfecta e incontaminada de lo español. En su opinión, la vascongada era la más acendrada, ennoblecedora y primigenia de las hidalguías por proceder directamente de los primeros pobladores que trajo Túbal, el nieto de Noé, a tierras españolas. Los descendientes directos de ellos, sin cruce con otros pueblos llegados posteriormente, serían los vascos, como lo probaría la pervivencia entre ellos del vascuence, lengua originaria de los españoles traída por Túbal.

Además de los hechos históricos de los siglos pasados, Garibay recogió en sus obras acontecimientos recientes e incluso contemporáneos al momento de su redacción. Por ejemplo, relató los numerosos enfrentamientos entre los habitantes de las dos orillas del río Bidasoa, que él tan bien conoció por su cercanía y por haber incluso recogido testimonios de los participantes. La vida en la Guipúzcoa de las primeras décadas del siglo XVI se vio a menudo alterada por esta constante lucha entre unos y otros.

Según recoge Garibay, los del otro lado del Bidasoa, conocidos en aquellos días como gascones, labortanos y navarros, entraban en lucha al grito de “¡Saint Denis, Saint Denis!”, y los guipuzcoanos al de “¡Santiago, Santiago, España, España!”.

Varios de estos enfrentamientos son rememorados anualmente en los alardes que han llegado hasta la actualidad. Por ejemplo, el alarde de Fuenterrabía, que rememora el levantamiento del sitio sufrido a manos del ejército francés en 1638.

El más conocido es el alarde de Irún, celebrado en conmemoración de la victoria española sobre los franceses el 30 de junio de 1522. Aquel día, festividad de San Marcial, los vecinos de Irún, en colaboración con el ejército, vencieron a las tropas francesas que intentaban recuperar el reino de Navarra recientemente conquistado por las de Fernando el Católico.

 
ALARDE DE SAN MARCIAL EN IRÚN
 

Siguiendo el pormenorizado relato que los hechos nos dejó Garibay, los franceses, en cuyo poder se encontraba Fuenterrabía, deseaban tomar el castillo de Behobia porque “sentían a oprobio que teniendo ellos a Fuenterrabía, hubiese tornado a poder de españoles esta fortaleza a media legua de aquella villa”.

Unos cinco mil soldados atravesaron el río Bidasoa por Biriatou, en silencio y de noche para no ser apercibidos. Los dos capitanes que organizaron la respuesta española fueron Miguel de Ambulodi, de Oyarzun, y Juan Pérez de Azcue, de Fuenterrabía. De este último escribió Garibay que era “de los más animosos y arriesgados capitanes que en este tiempo había en la nación española”.

Cuando estos dos capitanes supieron de la entrada de las tropas invasoras, decidieron impedirles tomar la fortaleza de Behobia seguros como estaban de que, de conseguirlo, lo utilizarían como trampolín para continuar el avance. Pero no quisieron tomar ninguna iniciativa sin acordarla con el capitán general de la provincia, Beltrán de la Cueva, por lo que fueron a comunicárselo a San Sebastián. Éste, pareciéndole difícil empresa debido a la poca tropa de la que disponía y considerando que su tarea habría de ser más bien defender la ciudad de San Sebastián que la tierra llana, se mostró reacio a salir:
“Entonces los capitanes replicando, después de largas persuasiones que le hicieron, que si él no lo quería hacer, que ellos por servir a su Príncipe, y defender sus mujeres e hijos y patria, lo harían.”

El capitán general, viendo su valeroso ánimo, salió a Rentería con la mayor parte de sus soldados. La victoria fue completa, causando gran mortalidad entre las tropas invasoras y entrando en tierras francesas en su persecución.
“Los naturales de la tierra, no contentos de victoria tan señalada y necesaria, alcanzada sin efusión de sangre propia, quisieron entrar en Francia, especialmente un vecino de la misma tierra, llamado Juan Pérez del Puerto, dueño de la casa de Aguirre.”

Este Juan Pérez del Puerto, persiguiendo a los franceses más allá del Bidasoa, quiso continuar el avance “pretendiendo pasar con más gentes a la ruina de la tierra”, por lo que comenzó a incitar a los suyos a avanzar sobre la tierra francesa gritando a grandes voces:
“¡Santiago, Santiago, España, España, victoria, victoria!”
 
Ante lo cual todos quisieron pasar a la otra parte, prohibiéndolo el capitán general para evitar los posibles daños que tal imprudencia pudiese causar. Hasta aquí el relato de Garibay. Éstos son los sucesos conmemorados desde hace cinco siglos por los irundarras en su famoso alarde.
 
 
ESTEBAN DE GARIBAY