sábado, 13 de diciembre de 2014

Pedro González de Mendoza


Caballero alavés del siglo XIV, señor de Hita y Buitrago, mayordomo mayor y capitán general de los Ejércitos de Castilla. Salvó al rey de caer prisionero de los portugueses al dejarle su caballo, durante la batalla de Aljubarrota, por lo que perdió la vida.
 


Durante la guerra entre hermanos, Pedro I y Enrique II de Trastamara, en principio estuvo Mendoza al lado de Pedro el Cruel. En 1366 pasó al bando de Enrique II y con él sufrió la derrota de la batalla de Nájera donde fue hecho prisionero con Iñigo López de Orozco (tío de Mendoza, asesinado por Pedro I), Pedro López de Ayala (su cuñado), Beltrán de Guevara, Bertrand Duguesclin, Mariscal de Francia y muerto Juan Hurtado de Mendoza, su abuelo. Al ser liberado, Enrique le nombró ayo de su hijo Juan, concediéndole Orozco y las villas de Buitrago e Hita en 1368.

Continuando al servicio de Enrique se vio en numerosos combates en apoyo al monarca. Su estrecha relación con Juan I, hizo que le nombrase mayordomo mayor y pronto después capitán general de sus ejércitos.

Por los servicios prestados el 14 de oct 1383 recibió el señorío del Real Manzanares, estableciendo sobre el un mayorazgo en 1385, origen del enorme poder de la familia Mendoza.

Pedro fue héroe de la batalla de Aljubarrota (1385), donde el rey Juan I de Castilla trató como rebeldes a los portugueses que le rechazaron como soberano. Juan puso sitio a Lisboa en 1383 pero debió retirarse por causa de la peste bubónica que afligió el país. En 1385, regresó por el valle de Mondego, pero el rey portugués quien disponía de menores fuerzas para su defensa, cerró el camino a Aljubarrota, obligando la marcha castellana por un estrecho paso, atascando las 30.000 tropas, y apoyado por un importante contingente de arqueros ingleses, les infringió una soberana derrota, logrando la independencia de Portugal.

En la adversa batalla dio su caballo al rey para que huyera, volviendo él a la contienda, donde murió heroicamente. Es por ello que se le conoce como "el mártir de Aljubarrota".


BATALLA DE ALJUBARROTA


Según fray Prudencio de Sandoval, "en acuerdo con el Embajador de Francia, no quería Pedro que el rey ordenara la batalla, no era conveniente, por la posición que los enemigos ocupaban y por lo avanzado de la hora".

Como no valió su consejo:

"Se puso en ella junto á la persona real, para guardarla hasta perder la vida, y asi sacó al rey de la pelea, y lo puso en salvo y volvió a la batalla, Y viendo las muertes que en los Castellanos se hacían se metió entre los enemigos peleando como un león; y siendo y acometido de muchos, cargado de heridas cayó muerto en tierra."


Su arrojo y valor no pasó desapercibido, ya que el hecho quedó inmortalizado en el romancero castellano con estas estrofas. Así comienza un romance de su tiempo, honrando el heroísmo de González de Mendoza:

"Si el caballo vos han muerto,
subid, Rey, en mi caballo,
y si no podéis subir, llegad,
suvirvos he en brazos.

Poned un pie en el estribo
y el otro sobre mis manos;
mirad, que carga el gentío,
y aunque yo muera, librad vos.

Un poco blando es de boca;
bien como a tal, sofrenazlo;
afirmadlos en la silla,
dadle rienda, picad largo.

No os adeudo con tal fecho,
a que me quedéis mirando;
que tal escatima debe,
a su rey el buen vasallo.

Y asi es deuda que os la debe,
non dirán que non la pago,
nin las dueñas de mi tierra
que a sus maridos fidalgos
los dejé en el campo muertos
y vivo del campo salgo.

Menos causa tuvo Eneas,
pues cuando fizo otro tanto,
tan sólo salvó a su padre;
yo al padre de todos salvo."

Enseguida viendo Pedro la desbandada del ejército, rehusó huir encomendando a su hijo Diagote al rey diciendo:
"A Diagote es encomiendo;
mirad por él, que es muchacho;
sed padre y amparo suyo
y Dios sea en nuestro amparo.

Dijo al valiente alavés
señor de Hita y Buitrago,
al rey don Juan el Primero
y entróse a morir lidiando."

Fue uno de los pioneros de la poesía cortesana castellanaen la corte castellana. De su producción poética sólo tenemos como verdaderamente suyas cuatro composiciones recogidas en el Cancionero de Baena. Su trabajo poético, tanto en castellano como en gallego, contribuyó sobremanera a agilizar y dulcificar la ruda lengua castellana, poco desarrollada en aquellos momentos, y por lo tanto poco adecuada entonces para la expresión poética de penas y sentimientos. Los intentos poéticos de este tipo que se daban en aquella época en la corte castellana, y fuera del marco cortesano, dotaron a la lengua de mayor flexibilidad y de una nueva conformación haciéndola evolucionar en gran manera.